NOTAS PARA UN PASEO ARTISTICO
POR PARTE DEL MADRID ECLESIASTICO
Introducción:
La consolidación de la capitalidad, ….
Para entender lo que tiene, ….
Las grandes casas nobiliarias, ….
¿Qué hay que ver en Madrid ? …
ADVERTENCIA PRACTICA
EDIFICIOS DIOCESANOS
S. I. CATEDRAL DE N. S. DE LA ALMUDENA.
IGLESIA DE SAN ANTONIO DE LOS ALEMANES.
EDIFICIOS DE JURISDICCION INDEPENDIENTE
BASILICA DE SAN FRANCISCO EL GRANDE.
EDIFICIOS REGULARES
MONASTERIO DE N.S. DE LA CONSOLACION ( Descalzas Reales ).
MONASTERIO DEL CORPUS CHRISTI.
Monasterios femeninos madrileños
MONASTERIO DE LA VISITACION Visitación benita
MONASTERIO DE LAS TRINITARIAS trinitarias de Cervantes
MONASTERIO DE LA PURISIMA CONCEPCION Madres Mercedarias descalzas
MONASTERIO DE LA INMACULADA CONCEPCION Juan de Alarcón
No es Madrid ciudad que, de manera clara, responda a la impronta de uno o dos períodos culturales bien definidos, como Roma. Ni tampoco que haya desarrollado una tipología arquitectónica y urbanística propia como París o Londres, cuyo perfil de ciudad comienza a dibujarse a partir de mediados del S. XVII y queda definido en el XIX.
En la edad media Madrid no es una ciudad significativa, como prueba que no quedan edificios completos, o sustancialmente reconocibles. Los mas antiguos son del S. XIV (1). Dos siglos más tarde tampoco tiene Madrid notoria importancia que corresponde, por un lado y en primer lugar, a la diócesis primada de Toledo, la más opulenta de España y de la que eclesiásticamente ha dependido Madrid hasta tiempos recientes; y, por otro lado, a Alcalá de Henares, ciudad que no alcanza gran población pero sí prestigio cultural gracias a su universidad cisneriana. Cualquier orden religiosa importante tiene en Alcalá, a partir de dicha centuria, un convento habitado por maestros distinguidos y concurrido por estudiantes prometedores. San Ignacio, por ejemplo, estudia en Alcalá antes de completar su formación en Paris. Todavía a principios del siglo XIX, antes de la desamortización, quedaban activos diecinueve conventos masculinos.
Madrid es constituida diócesis episcopal en el tardío año de 1885; y no dispone de universidad hasta poco antes, a partir del segundo tercio del S. XIX cuando –arruinada la ciudad de Alcalá por la inicua desamortización de bienes eclesiásticos de 1836, y siguientes– cambia de sede y se traslada a Madrid. Como se comprueba, el pretendido trato privilegiado del Poder a Madrid no es tal.
( 1 ). Las torres mudéjares de la parroquia de San Pedro, y de la iglesia de San Nicolás corresponden a restos –se puede suponer que alminares– pero no a construcciones significativas.
El gran acontecimiento para el desarrollo de Madrid es el establecimiento permanente de la Corte a partir del año 1561. La Monarchia Hispanica extendida por todo el mundo convierte a Felipe II en un rey administrador, en el sentido moderno del término, necesitado de un aparato político y administrativo eficaz ( Consejos de Castilla, Indias, Suprema de la Inquisición…etc. ), profesionalizado a base de personas egresadas de distintas universidades españolas: los secretarios de despacho, escribanos, letrados, oidores…etc.
La consolidación de la capitalidad configura Madrid como una ciudad administrativa y de servicios, dicho con lenguaje de hoy, donde de una manera o de otra, todo gira en torno a la Corte y a la Administración, realidades de poder distintas, y en ocasiones discrepantes, cuya influencia ni siempre, ni en todo, es positiva para Madrid. Felipe II no realiza un solo proyecto de envergadura en Madrid, y ejecuta la gran obra de su reinado –el palacio real y monasterio de San Lorenzo el Real– en un escorial del Guadarrama, deliberadamente alejado de Madrid.
Para entender lo que tiene y lo que le falta a Madrid, me ha parecido necesaria esta introducción, porque como ciudad se hace en el siglo XVII, y no antes. El establecimiento de iglesias y conventos de todas las órdenes religiosas en el espacio de cincuenta o sesenta años, hará de la villa de Madrid una población de huertas, las de los conventos, condicionando su urbanismo. La regalía de aposento –carga fiscal sobre las casas de los particulares para alojar a los funcionarios de la Administración– contribuye a crear una arquitectura civil mezquina; más deficiente que sólida; con parcelas urbanas estrechas y alargadas para aminorar la carga impositiva de la servidumbre del aposento; y urbanísticamente desordenada.
Las grandes casas nobiliarias, con excepciones, no construyen en Madrid edificios representativos hasta el siglo XVIII, con lo cual falla el elemento definitivo para articular una gran ciudad con un perfil bien definido. El mismo Real Alcázar existente hasta el incendio de 1734 era un edificio desigual incómodo y lleno de recovecos; sin magnificencia e impropio de la Monarquía Española, aunque su autentica riqueza artística estaba dentro. Está falta de relación entre un contenido artístico rico, y un continente entre austero y pobretón, sin solemnidad, es una característica española, cuya explicación queda fuera del propósito de estas líneas. Artísticamente, el Siglo de Oro en Madrid es más de puertas adentro que hacia la calle.
¿Qué hay que ver en Madrid ? Partiendo de la ya mencionada ausencia de catedral –por lo que en España tiene de lugar paradigmático de esplendor artístico– el arte religioso en Madrid se desarrolla en los conventos y monasterios, de los que a finales del siglo XVII podía haber cerca de doscientos. Solo después en las iglesias. Aquí sí tiene peso específico la condición capitalina de Madrid, ya que junto a los monasterios de patronato (o fundación real ) están los de fundación particular, dotados por sus patronos de las rentas necesarias para vivir. Y en los que, a semejanza de los monasterios reales, profesan mujeres de familias ilustres que, además de su dote, aportan objetos devocionales y de culto de indudable valor artístico.
[ No quiero dejar de mencionar de pasada la interesantísima cuestión de la sinceridad de la religiosidad conventual ( sobre todo femenina ), y sus raíces, durante el Siglo de Oro. Las reglas de vida en los monasterios reformados de esta época son verdaderamente estrictas, y no es fácil una residencia vitalicia sin una identificación personal sostenida por arraigadas convicciones trascendentes y una vida espiritual profunda. Con todas las concesiones a las costumbres, valores e ideas teológicas de la época que sean necesarias (como la grafomanía, el ansia de experiencias místicas, las revelaciones espirituales, reales o imaginarias… etc. ), en mi opinión su autenticidad religiosa es incuestionable.
Florece en este período en España el sentimiento religioso y el deseo de santidad, por gracia del Espíritu, como se marchita en otros tiempos. No sabemos cómo el Espíritu mueve los hilos de la historia particular de las personas, pero por el fruto se puede deducir con fundamento que la espiritualidad conventual de los ss. XVI y XVII –salvo demostración en contrario-- nada tiene que ver con las explicaciones economicistas, marxistas o feministas al uso. Como , tampoco, que merezca el desdén a que es condenada por el mundillo que revolotea en torno a la teología progre. Lo digo porque hay libros en todos esos sentidos, menos en el de las evidencias de la realidad histórica. ]
¿ Qué queda en Madrid ? Como donde más suele notarse el furor bélico y el ansia destructiva de las revoluciones es en la capital, pues en Madrid queda… lo que quisieron dejar el ejército francés de ocupación y la administración intrusa de la ciudad entre 1808 y 1812; lo que no se destruyó o rapiñó como consecuencia de las leyes de desamortización de bienes eclesiásticos de 1836, y siguientes; lo que no ardió el 11 de mayo de 1931; y lo que no pereció desde julio de 1936, fecha a partir de la cual quedó dañado cerca de la mitad del patrimonio eclesiástico de Madrid.
Pese a todo ello algo queda. La parte principal de este patrimonio puede verse en el M.N. del Prado y otros. Es un consuelo.
ADVERTENCIA PRACTICA Selección es elección, y cualquiera es subjetiva. La presente no tiene pretensión académica, por lo que faltan muchas obras, fechas, citas, nombres y datos técnicos, reducidos al mínimo. Los templos, iglesias y monasterios tienen interés artístico, están situados en el centro de Madrid, y son representativos de lo que hay en esta ciudad.
Los juicios y opiniones vertidas son personales de quien suscribe, y por tanto son discutibles. En todo caso están expresadas con la intención de hacer más comprensible el qué y el por qué de los edificios y objetos artísticos citados. No comprometen al editor.
EDIFICIOS DIOCESANOS
S. I. CATEDRAL DE N. S. DE LA ALMUDENA. La consagración de este templo por SS el Papa Juan Pablo en 1993 remata más de cien años de esfuerzos diocesanos por dotar a Madrid de la necesaria cathedra episcopal.
Es el resultado de un complejo proceso, en el que, finalmente, se tuvo más en cuenta el sentido pastoral y litúrgico del Vaticano II que el artístico. Cada catedral es fruto de un tiempo y de una historia, y ambos son irrepetibles e incopiables. En este sentido, reconocer que dista de haber conseguido entusiasmo unánime, no debe escandalizar a nadie. Es un fenómeno que se repite con toda obra ejecutada fuera de época, más de cien años después de iniciarse, y con dos cambios de proyecto entre tanto. No es posible escapar a esas servidumbres. La obra debe ser juzgada no desde el resultado, sino desde lo que se ha podido hacer. Y en este sentido lo primero era, sin duda, concluir la obra con dignidad.
Quien suscribe siempre ha defendido la inteligente actuación de D. Fernando Chueca y D. Carlos Sidro, verdaderos autores de la S.I. Catedral, a quienes se impone abandonar el neogótico inicial –por ser, simplemente, irrealizable– lo que les llevó a transitar por el ingrato camino del eclecticismo. Y lo han hecho, como decía, con dignidad. La columnata entabla el único diálogo posible con la lógica columnaria del Palacio Real. Y enfilar la cúpula neobarroca de la S.I Catedral con las del convento del Sacramento (actual Catedral Castrense) y de la iglesia de San Andrés, es un detalle propio de una inteligencia fina.
Del interior destacan la imagen titular de N.S. de la Almudena, una bella talla policromada ( ¿de finales del S. XVI ? ), patrona de Madrid; la Arqueta de San Isidro ( S. XIII ); el magnífico crucificado de Juan de Mesa ( S. XVII ); el retablo de Juan de Borgoña; cuatro evangelistas de Juan de la Calleja, y los frescos contemporáneos, de inspiración neobizantina, de Kiko Argüello. Un sencillo enterramiento contiene los restos de la Dña. María de las Mercedes, Reina consorte, primera esposa del Rey Alfonso XII, y primera impulsora de la construcción de la Catedral.
COLEGIATA DE SAN ISIDRO. Es la primera iglesia de la Compañía de Jesús en Madrid, dedicada inicialmente a San Francisco Javier, aneja al Colegio Imperial.
Fue construida por el célebre hermano Bautista (S.I.) según el modelo de la iglesia romana del Gesú, pauta feliz no solo de los templos jesuíticos, sino de otros varios construidos después de la segunda mitad del S. XVII. Se trata, realmente, del primer templo monumental que tiene Madrid. Cuando la Compañía de Jesús es inicuamente expulsada por el Rey Carlos III de España y sus territorios en 1767, la iglesia es encomendada al clero secular ( entonces de la diócesis de Toledo ), y puesta bajo la advocación de San Isidro Labrador, patrono de Madrid.
Cuando la erección de la diócesis de Madrid en 1885, fue consagrada catedral provisional durante más de cien años. En sus gradas fue muerto por mano airada de un presbítero, en 1886, el primer obispo de la Diócesis, Don Narciso Martínez Izquierdo, para quien –con certera visión– una de sus principales preocupaciones era el precario estado del clero madrileño.
Fue el primer templo incendiado en Madrid el día 19 de julio de 1936, provocando el desplome total de la cúpula y la ruina del edificio, así como la pérdida del retablo mayor. La urna con los restos de San Isidro, y la imagen de la Virgen de la Almudena previsoramente habían sido ocultados, motivo por el que se conservan en la actualidad.
Además de la veneración de los restos de San Isidro –cuya talla del retablo es una estimable obra contemporánea de Lapayesse– son de interés el lienzo de Rizi sobre San Francisco de Borja; la Doble Trinidad, de Herrera; el retablo de San Cosme y San Damián, y una bella talla de la Inmaculada, en la capilla de los Naturales.
PARROQUIA DE SAN GINES. Una de las parroquias históricas de Madrid (S. XII), situada junto a la Puerta del Sol, en pleno centro histórico de la villa. La fábrica actual es del S. XVII, con airosa torre campanario. El acceso por la calle del Arenal corresponde al lugar que ocupó el antiguo cementerio, inteligentemente reconvertido para tal fin. La documentación de su archivo es de las más importantes del Madrid de la época de los Austrias, entre otras razones porque fue parroquia del Alcázar ( como se conoce el palacio real anterior al actual ).
En estos momentos es, con mucho, el templo madrileño con mejor pintura religiosa, que además está perfectamente restaurada e iluminada. Entre otros, posee tres soberbios lienzos de la Inmaculada, de Escuela Madrileña, originales de Camilo, Antolínez, y González Ruiz; dos cuadros de Lucas Jordán; y otro de El Greco ( la Expulsión de los mercaderes del templo ), que por razones de conservación solo se exhibe los sábados por la mañana.
Pero la joya espiritual y artística de la Parroquia de San Ginés es la capilla del Santísimo, con dos obras maestras de la pintura barroca: el Cristo de la Humildad, de Alonso Cano; y el Salvador, de Antonio Pereda; además del Llanto por el primogénito muerto ( de Michel de Coxie ) y un Buen Pastor, recientemente colocado, junto a dos arcángeles. Pocos ambientes más apropiados para la oración personal.
PARROQUIA DE SAN MARCOS. Obra neoclásica original de Ventura Rodríguez. El interior es absolutamente barroco, de fuerte inspiración italiana, que –por lazos históricos– es una de las características enriquecedoras del arte español en general, y del religioso en particular.
Pese a su tardía construcción ( a mitad del s. XVIII ) la fachada es sumamente escueta aunque con detalles de maestro como el acceso semicircular. La planta es elipsoidal, dominada por una airosísima bóveda pintada al fresco por Zacarías González Velázquez, con criterios plenamente barrocos.
La obra de San Marcos toma influencia de múltiples detalles de la decoración de la Real Capilla ( del Palacio Nuevo; es decir, el actual ), que son coetáneas. Los personajes que trabajan en la decoración de una, empezando por Ventura Rodríguez, Robert Michel y Felipe de Castro, lo hacen también en la de la otra.
Gracias a haber sido construida en poco tiempo y sin dilaciones –cuestión siempre importante– la parroquia de San Marcos posee una unidad de estilo infrecuente en otros templos madrileños, reforzada por la gran calidad de la escultura. Tanto la figura del evangelista titular de la iglesia, en el retablo mayor, como las de los altares laterales, son tallas de madera policromada de Juan Pascual de Mena. Salvo lo que parece una concesión devocional, nada es ajeno al programa decorativo inicial por lo que esta iglesia representa el triunfo total de la escultura madrileña tardobarroca, y el de Juan Pascual de Mena como uno de los últimos grandes maestros.
IGLESIA DE SAN ANTONIO DE LOS ALEMANES. Dentro de una anodina restauración del siglo XIX se oculta un fantástico templo, único en Madrid y acaso en España, donde el esplendor del barroco se hace más barroco, al gusto centroeurpeo.
Si San Antonio de Padua no es italiano, sino portugués, difícilmente podrá ser de los alemanes. La explicación del galimatías está en la preocupación real porque los extranjeros residentes en Madrid –con frecuencia vinculados a su servicio en el Alcázar, como criados, artistas o soldados– tuvieran un templo propio para su atención religiosa. En el fondo tenían el temor de que apartarse de sus devociones particulares pudiera favorecer la difusión de la herejía. En un primer momento la iglesia pertenecía a un hospital para portugueses, pero tras su separación de la Corona de Castilla en 1640, pasó a ser templo del mismo hospital ahora destinado a originarios alemanes.
La planta es oval, y según algunos que saben de esto, es la primera de tal forma que se ejecuta en Madrid. Su autor es el hermano Sánchez (S.I.) que incorpora de Roma este modelo tan elegante. La obra está acabada para 1633. La cúpula constituye una apoteosis pintada de San Antonio ( tan popular en Portugal y en España como en Italia ); entre ella, en las capillas y en los muros puede estar representado todo el santoral, entre columnas y arquitecturas fingidas. De la decoración, realizada años más tarde, y de que no quede un centímetro cuadrado sin pintar se encargan Francisco Rizi, Juan Carreño y Lucas Jordán, principalmente.
La estupenda imagen del santo titular, en el altar mayor, es del escultor portugués, activo en España, Manuel Pereira.
EDIFICIOS DE JURISDICCION INDEPENDIENTE
CATEDRAL CASTRENSE. Templo del antiguo Monasterio del Santísimo Sacramento, de muy finales del s. XVII, convertido en sede prelacial de la jurisdicción castrense al trasladarse la comunidad cisterciense a un nuevo monasterio en torno al decenio de 1980, aproximadamente.
Se trata de una construcción típicamente madrileña, derivada del modelo instaurado en la capital por el Monasterio de la Encarnación, representativa de la austeridad contemplativa, expresada con el rigor y la belleza del barroco: atrio; pórtico con tres arcos de acceso; hastial plano rematado por frontón, con medallón decorativo y ventanas u óvalos para iluminación interior; cúpula con linterna, y granito como material básico de construcción.
El interior, como muy buena parte de los templos madrileños del XVII, está presidido por un retablo flanqueado de columnas lisas, con un gran lienzo en el centro que, en este caso, representa a San Bernardo y San Benito en éxtasis eucarístico, original de G. Ferro. Imaginería barroca sumamente interesante, toda ella de buena calidad, en los altares, y cúpula y pechinas decoradas al fresco por los González Velázquez, ya que interviene más de un miembro de esta ilustre familia de artistas.
Merece reseñarse el buen detalle pastoral de conservar intactos y en su lugar, con una sencilla placa, los confesionarios donde administraban el sacramento de la penitencia los P. San José María Rubio (S.I.) y San Pedro Poveda, mártir.
IGLESIA DE SAN MIGUEL. Este bellísimo templo de la primera mitad del S. XVIII estuvo destinado al uso sedilicio del cardenal-infante Don Luis ( tercer hijo varón del Rey Fernando VI ), que aunque preconizado arzobispo de Toledo renunció antes de ordenarse, viviendo en Boadilla del Campo y luego, desterrado por el Rey Carlos III, en Arenas de San Pedro. El segundo obispo de Madrid, Ciriaco Mª Sancha lo cedió a la Nunciatura Apostólica como templo dedicado a la atención de los italianos. Goza por tanto del privilegio de extraterritorialidad.
Se trata de un proyecto de Giacommo Bonavía, arquitecto por tales fechas ocupado en diversas tareas decorativas en los Reales Sitios, a quien se debe el fuerte sabor italiano del exterior y del interior del templo. Las dos torres, con las armas de su primitivo destinatario entre ambas, dan al proyecto una verticalidad perfectamente compensada por la curvatura de la fachada, insólita en el barroco madrileño. El resultado es el de una gran obra, elegante y armoniosa, cuyo contraste con el modesto desarrollo de la fachada de la parroquia de San Marcos –que se ejecuta solo un par de años después que San Miguel– sonroja.
Del interior destacan la bóveda, pintada al fresco, con su llamativo juego de nervaduras, así como los adornos de las capillas laterales que constituyen un gran conjunto decorativo.
BASILICA DE SAN FRANCISCO EL GRANDE. El templo de Nuestra Señora de los Angeles es más conocido por el apelativo popular de San Francisco el grande, para distinguirlo de otras casas franciscanas. Pertenece a la Obra Pía de los Santos Lugares, histórico patronato del Rey de España sobre Tierra Santa administrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, con rectoría de la Orden Franciscana.
La idea que presidio este proyecto, iniciado en el siglo XVIII pero que concluye D. Antonio Cánovas del Castillo, fue la de un gran templo –de los que Madrid siempre ha estado necesitado— al que luego se agregó un convento franciscano desarrollado en dos grandes crujías a cada lado. Precisamente la causa de todos los problemas de este templo fueron las dificultades constructivas derivadas las dimensiones de la cúpula ( 33m. x 56m. de alto) y su elevado coste, sufragado con fondos propios de la citada Obra Pía, que pronto fueron insuficientes. Tras una sucesión de arquitectos, polémicas y zancadillas profesionales, al final liquidó la obra manu militari Francisco Sabattini, arquitecto e ingeniero militar al servicio del Rey Carlos III.
Como todo proyecto que eterniza su ejecución durante cerca de ciento treinta años ( 1761-1890 ) termina convertido en obra fuera de tiempo. En tan largo período de tiempo sin tomar decisiones, se pensó convertir San Francisco el grande en templo nacional y panteón, e incluso antes de construirse el edificio actual –de Pascual y Colomer– en sede del Congreso de los Diputados. El anejo convento ha pasado por hospital, por acuartelamiento, y por prisión militar donde, por ejemplo, estuvo recluido en 1932 el general Emilio Mola.
Como opinión particular, y por tanto discutible, la arquitectura de San Francisco el grande es indudablemente mejor que su decoración interior, pese a que intervienen en él artistas muy notables ( Goya, entre otros ) y se utilizan materiales de calidad. La fachada ( de Sabattini ) tiene gran interés, y junto a las de San Miguel y Santa Bárbara forma el mejor trío barroco italianizante de Madrid. Pero como, en el fondo, se trata de una obra de la Administración, surge inevitable el problema de la falta de un proyecto sólido, y de una ejecución a tiempo, sin dudas ni variaciones. El método de contratación de artistas mediante concurso explica la pluralidad de intervinientes y las extrañas combinaciones de artistas. Las unidades son mejores que el conjunto, donde cada pieza parece ir a su aire.
La escultura de la nave ( de planta circular ), representando a los doce apóstoles, corresponde a la estética decimonónica, retórica pero sólida, a cargo de los mejores artistas del momento como Samsó, Suñol, Bellver, Benlliure… etc. Y lo mismo ocurre con la pintura, destacando las de la cúpula, en su mayor parte originales de Casto Plasencia. Las del ábside presbiterial, de Domínguez y Ferrant; y las de las capilla de la Inmaculada, pintada por Maella; y de Santiago, de Casado del Alisal, demasiado espectacular ( teatral ) para una iglesia, en mi opinión son las mejores.
Hay un recargamiento decorativo general, característico del gusto del S. XIX, pero también debido al interés de cada artista por dejar su huella en toda obra de grandes proporciones, como es San Francisco el grande. Un templo, en todo caso, digno de ser conocido.
EDIFICIOS REGULARES
PARROQUIA DE SANTA BARBARA. Pese a tratarse de una parroquia de jurisdicción diocesana, figura en este apartado en cuando templo que fue del primer Monasterio de la Visitación ( visitandinas o saleas ), fundación privativa de la Reina Bárbara de Braganza, consorte del Rey Fernando VI, que por tanto no es de patronato. Milagrosamente el templo no fue afectado por ninguna revolución ( aunque la comunidad fue expulsada y desposeída de su monasterio en 1836 ), por lo que interior y exteriormente se conserva inalterado. Las únicas modificaciones derivan del alineamiento y nivelación de las calles de su alrededor, que obligaron a construir –con mucho acierto– el cerramiento y la monumental escalinata de acceso.
Es en mi opinión el templo más solemne de Madrid, edificado por un arquitecto real ( de oficio ) llamado Moradillo, pero bajo la inspiración de los Carlier, arquitectos que intervienen en el Palacio Real de La Granja y también en la ampliación del de Aranjuez, respecto de los que no es difícil encontrar parentescos.
Su interior barroco, ya derivado al rococó, es extraordinario, elegante y digno, con una unidad de estilo inencontrable en otros edificios religiosos madrileños. Conserva íntegra la decoración original, de la que destaca el realmente importante retablo mayor, presidido por un gran lienzo de Francesco Mura, que exalta la visitación de María a Santa Isabel. Es un cuadro con una lectura teológica interesantísima. Otros cuadros representan a S. Francisco Javier, a S. Fernando III, y a Sta. Juana de Chantal, fundadora de las visitandinas.
Como panteón real, la parroquia de Santa Bárbara aloja las sepulturas de la fundadora y su consorte, el Rey Fernando VI, trabajos ambos con muy buena escultura. El único elemento agregado del templo es la sepultura del Duque de Tetuán ( D. Leopoldo O’donnell ), que pese a su extemporaneidad y a estar fuera de lugar, constituye un notable ejemplar de arquitectura funeraria del siglo XIX.
En su brillante estilo tardobarroco, es un templo único en España. Conserva en funcionamiento el órgano original, sin ninguna de las intervenciones románticas que tan demoledores estragos han producido en los órganos españoles.
MONASTERIO DE N.S. DE LA CONSOLACION ( Descalzas Reales ). La Comunidad de religiosas clarisas coletinas ( de la recolección de Santa Coleta ) está aposentada desde mediados del siglo XVI en un céntrico edificio de ladrillo visto y mampostería, expresión externa de la manifiesta pobreza constructiva del XVI español.
Pese a lo anterior es, rotundamente, el monasterio femenino español con mayor concentración de riqueza artística. No hay otro como él. Es fundación de la Infanta Juana ( hermana de Felipe II, y como tal gobernadora de España durante unos años; fue tambien reina consorte de Portugal ), y como tal constituye un patronato real, administrado en la actualidad por el organismo Patrimonio Nacional.
Mantiene la clausura, que desde el año 1960 es visitable por el público, con horario de museo y visita guiada. Tanto desde el aspecto histórico, como del artístico, el interés de este monasterio es extraordinario. Todas las artes decorativas ( pintura, escultura, orfebrería, textiles, tapices… etc.) tienen en este monasterio representaciones de primera calidad.
Se pueden destacar los frescos del imponente acceso al claustro alto, de época del Rey Felipe IV ( mediados del siglo XVII); la imaginería y pintura de todas, pero todas, las capillas de dicho claustro; la escultura Cristo yacente, con ostensorio en el costado para la sagrada forma, impresionante obra de Gaspar Becerra que procesiona por el claustro de la iglesia cada viernes santo; los no menos impresionantes tapices bruselenses, de principios del S.XVII, con cartones de Rubens, edición princeps de la serie “El triunfo de la Eucaristía”; el relicario. Y pintura religiosa y dinástica de la Casa de Austria de las escuelas flamenca, española, alemana e italiana.
Parte de la iglesia original despareció durante un incendio, a mitad del siglo XIX, siendo reconstruida inteligentemente y con esmero. En esta iglesia se conserva la escultura orante de la fundadora, la Infanta Juana, un impresionante trabajo en bronce original de Pompeo Leone.
Gracias a su condición de bien de patronato, el Monasterio de las Descalzas Reales no se vio afectado por la desamortización ni por la acción iconoclasta y devastadora de las revoluciones de los turbulentos XIX y XX español.
MONASTERIO DE LA ENCARNACION. Es otro de los monasterios de patronato existentes en Madrid, habitado por una comunidad agustina desde los primeros años del S. XVII. Es fundación de la Reina Margarita de Austria –consorte del Rey Felipe III, quizá una de las parejas reales españolas más profundamente religiosas– y está administrado por el organismo Patrimonio Nacional, y es visitable.
Su situación en las inmediaciones del Real Alcázar ( donde continúa ) obedeció a la regia necesidad de disponer de una capilla próxima, ya que el Alcázar carecía de ella. Así, mientras que las ceremonias religiosas solemnes se tenían donde fuese, las de menor rango ( y en la época había muchas fiestas de precepto ) se desarrollaban ante altares portátiles. Fue esta necesidad la que motivó el establecimiento de la nueva fundación en las inmediaciones.
El Monasterio de la Encarnación, de Madrid, evidencia el paso de los sesenta años que median entre su fundación y la del Monasterio de las Descalzas. Se atribuye a Juan Gómez de Mora, uno de los arquitectos que contribuyen a que Madrid –que no es una ciudad barroca– sea una ciudad con barroco. Sigue el modelo arquitectónico del monasterio carmelitano de San José ( de Ávila ), gracias al cual se difunde y es repetido por numerosos monasterios femeninos de clausura a lo largo del siglo XVII. Por ejemplo, en Alcalá de Henares.
Exteriormente el monasterio tiene los elementos clásicos de este modelo: atrio, portada lisa con ventanas u óculos para iluminación, medallón frontal (alusivo al Anuncio del ángel, de mármol, bellísimo), espadaña, torre con linterna… La fachada del templo es de granito, y la fábrica de ladrillo visto.
Aunque carece de la riqueza del monasterio de las Descalzas, cuya comparación continua es inevitable, tiene más traza conventual que aquel, ya que fue construido específicamente para tal fin. La escultura pasionaria (Gregorio Fernández) es de la mejor de Madrid, y una Virgen de los reyes, de Perronius, de primera. La pintura religiosa, repartida a lo largo de las capillas del claustro bajo y del coro ( Carreño, Ribera, Bartolomé González, Van der Hamen, entre otros ) es mejor que la dinástica. Y en la iglesia el tabernáculo, es pieza excepcional de orfebrería, de Domingo Urquiza; el lienzo del retablo y de los dos altares laterales, son de Vicente Carducho.
Merece destacarse el relicario, tanto por la cantidad de estas como por la orfebrería de las cajas de diversas formas que las contienen. Y en el retablo del altar del relicario, una extraordinaria natividad de Bernardino Luini.
El Monasterio de la Encarnación no se vio afectado por la acción iconoclasta y devastadora de las revoluciones de los siglos XIX y XX por ser bien de patronato. Pese a ello, sí le alcanzó la desamortización. Con el edificio medio derruido, milagrosamente –así lo ha creído siempre la comunidad– se dio marcha atrás, reconstruyéndose lo derribado. Mantiene una extraordinaria unidad interior.
La fundadora de la comunidad, M. Mariana de San José, tiene introducida la causa de beatificación.
MONASTERIO DEL CORPUS CHRISTI. Este cenobio de la rama femenina de la Orden Jerónima, del s. XVII, es de fundación particular. Es conocido popularmente como convento “de las carboneras” por lo que luego se verá. Como todos los monasterios de fundación privada, su interior no es visitable.
Externamente es un caserón situado en el llamado Madrid de los Austrias, representativo de la sencillez constructiva de la época, ya aludida. Solamente el austero enmarque del acceso a la iglesia, sugiere desde el exterior que se trata de un edificio religioso.
La iglesia, de una sola nave, con planta de salón, está presidida por un extraordinario retablo de madera policromada, directamente tributario del modelo de El Escorial, original de Antón de Morales ( S. XVII ). En la calle central, sobre la predela, gran lienzo de representando la Sagrada Cena, de Vicente Carducho. En los intercolumnios de las calles laterales, esculturas de San Jerónimo y del Bautista. En el ático, un gran crucero, con buenas tallas María y San Juan.
Por sus dimensiones tanto como por su calidad –aviso necesario dada la desigualdad de la obra de este pintor– es un gran lienzo. El sentido eucarístico está subrayado con un buen manejo de la perspectiva: para tener el pan de vida hay que llegar a Jesús, representado mediante su situación en el fondo de la mesa. Por su parte, la significación de Jesús, como centro de la vida cristiana, está representada en el del cuadro por la intersección de las diagonales imaginarias del retablo.
Pintura en la parte alta del templo, del mismo autor, con seis momentos de la vida de Jesús, y retablos en los altares laterales, uno de ellos dedicado a una Virgen de las Tribulaciones hallada en una carbonera, de donde procede el apelativo popular de carboneras aplicado a las monjas de esta comunidad jerónima por el pueblo de Madrid, muy aficionado a sobrepasar las denominaciones oficiales, generalmente –como en este caso– con buena intención.
La iglesia, con exposición matinal del Santísimo, está abierta mañana y tarde.
MONASTERIO DE MONTSERRAT. Con el nombre de esta advocación mariana se establece en Madrid un grupo de monjes benedictinos de origen castellano, expulsados del aquel monasterio en el significativo año de 1640.
Su trágica historia expresa por sí misma la penalidad de la persecución, ya que son víctimas primero de sus hermanos; luego del gobierno (desamortización de 1836); y al poco de restaurarse el monasterio en 1925, de la revolución, sufriendo la destrucción del templo y el martirio.
El interés por el templo, de Sebastián Herrera Barnuevo ( finales de s. XVII ), es arquitectónico. Incendiado en 1936, se reduce básicamente a la atractiva fachada. La torre, se construyó posteriormente ( a principios de s. XVIII ) pero está inacabada. La falta de una altura corta el vuelo a la fachada, cuestión importante teniendo en cuenta que la rasante de la calle está en pendiente. Es original de Pedro Ribera, representante de un tipo barroco castizo, bonito pero con sensación de pesadez, alejado de las referencias italianas.
El interior actual se ha reconstruido de manera muy austera, sin concesiones decorativas.
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Además de los citados, y de algunos otros de los que por espacio no es posible dar razón, voy a referirme a cuatro monasterios femeninos madrileños, situados en el interior de la Villa, activos desde el siglo XVII, y manifestación de la vigencia –como gracia del Espíritu– de la espiritualidad claustral.
Se trata del MONASTERIO DE LA VISITACION, conocido también como de la Visitación benita, o de San Plácido; una comunidad benedictina. Del MONASTERIO DE LAS TRINITARIAS, trinitarias de Cervantes; comunidad de Religiosas Trinitarias descalzas de San Ildefonso. Del MONASTERIO DE LA PURISIMA CONCEPCION, góngoras; o Madres Mercedarias descalzas, y del MONASTERIO DE LA INMACULADA CONCEPCION, conocido como de Juan de Alarcón.
Se trata de establecimientos interesantísimos, con todos los atractivos del barroco madrileño, dotados de un número desigual de piezas artísticas pero relevantes. Su visita lamentablemente es difícil, al estar condicionada a los horarios de misa ( diariamente a primera hora de la mañana, y los festivos no más tarde de las 10,30 ) o a algún culto vespertino. Se trata de un tiempo muy limitado y, sobre todo, de un tiempo inadecuado ya que la visita molesta a la actividad religiosa. La gente es poco discreta y, además, se empeña en hacer fotos. Por esta razón evitaré referirme a su contenido.
Los templos son templos, no museos. Solo los administrados por Patrimonio Nacional –mediante convenio con las comunidades y con autorización diocesana– son visitables con horario de museo, al disponer este organismo público de los medios, la organización y la experiencia necesaria para gestionar visitas y guiar grupos por su interior.
Lo que estas palabras tienen de reproche no va dirigido a las comunidades religiosas, cuyo cometido no es el arte ni, menos, atender al turismo. Va dirigido a la incapacidad de quien sea por no haber podido organizar –siempre de acuerdo con las respectivas comunidades, dueñas de su casa dicho para que se entienda claramente– procedimientos de visita, fundamentalmente con sentido pastoral.
Lo que estas palabras tienen de elogio sí va dirigido anónimamente a todas las comunidades claustrales, en quienes nunca se fijan cuantos, sin saber nada de nada, mal hablan de la marginación de la mujer en la Iglesia. No hace falta más que ver cuántas comunidades claustrales masculinas perviven. El balance a favor del testimonio callado y continuo de alabanza a Dios mediante la oración de sus propias vidas de las comunidades claustrales femeninas es abrumador. Será, sin duda, propósito del Espíritu.
c FRANCISCO JAVIER PEÑA
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